Sucios de limpieza

Imaginemos a alguien que toma el transporte público por primera vez, alguien que no necesita de él, acostumbrado a moverse en auto, suyo, de los padres, del chofer, de amigos o de su pareja. Se esfuerza por no tocar a nadie ni nada, incluso evita sujetarse de los tubos. Esta persona, en general, tiende a evitar lugares de riesgo, a decir, lugares populosos, pues se le impone como desconocido e incomprensible.

Alguna vez le dije a una amiga que nunca había usado el metro y que se veía asqueada al subir: “no me toques con tus manos sucias de limpieza”. La estábamos molestando por ser tan “fresa”, o diva, mejor dicho, pues siempre se había negado a usar transporte público y a asistir a lugares populares. Estas personas suelen resaltar inmediatamente al llegar a un lugar así. Es como si estuvieran manchadas, cubiertas del lodo de la “pureza”.

Vean el minuto cuatro de éste video, es una parte de la película Chicas materialeshttps://www.youtube.com/watch?v=2TYgh_FYvj0

La calle es vida en tanto experiencia de ella. Hay que empaparse de experiencia, hay que ensuciarse. La calle da experiencia, se conoce gente, se les comprende y los asimila al mismo tiempo que uno es asimilado. Aunque uno provenga de otros estratos aprende a pasar por otro. No hay razón para recibir hostilidades.

Quizá no sea la experiencia que quieren todos, pero es muy enriquecedora a nivel personal, muy por encima de lo profesional. Es ensalzar la vida un poco más, matizarla. Dejar de ser una mancha de pureza, aburrida y plana, monovisualista.

En el barrio uno aprende que no existe la incultura, que no hay gente inculta. Sencillamente una cultura distinta, tan antípoda que (nos) parece no ser cultura. Saben de todo lo que nunca podremos saber de lo que es vivir, lo que es un esfuerzo verdadero, lo que es la dificultad sincera . Y ellos nunca conocerán lo que nosotros conocemos de vivir.

Su pensar es diferente. Piensan sobre la vida y el mundo, las cosas, no sobre el ser, el ideal. Su pensar es cruda en tanto sincera. ¿Alguna vez han platicado con alguien de barrio? Su acercamiento con la vida es mayor por una sencilla razón: es visceral y directa, mientras que nuestra vida está mediada con ella misma, es decir, alienada de sí  por una serie de recursos materiales a los que se les atribuye un valor y que nos desvinculan del entorno (¿recuerdan mi post sobre los zapatos? “El zapato de la sospecha”: http://wp.me/p4iFpX-6b.). Mejor aún, ¿le has platicado a alguien de barrio sobre tus problemas personales, le has pedido consejo? Ahí es donde se ve su compresión de la vida, del ser humano; tan crudos en su sinceridad, utilizan el lenguaje que perfectamente conocen (aunque sea limitado -frecuentemente esto no es tan cierto) para expresarse mejor de lo que nosotros manejamos el léxico que tan extensamente desconocemos, saben decir más con menos: tienen ahí la economía de la cultura, mas no los medios elitistas que la legitiman. Sus respuestas son sinceras porque la vida es sincera con ellos, es decir, se les muestra como cruda. No están mediados por una empatía que de nada sirve, salvo para desvincularnos más aún en nuestras relaciones interpersonales directas. La culpa no los media en su decir. No le dan la vuelta al mundo, a las palabras ni a las cosas, sino que van de lleno a él.

Comprenden lo que nosotros no. Por eso somos manchas de limpieza, manchas de “pureza”. Pero estamos sucios de mediaciones, por lo que nuestra pureza en impura. ¿Díganme si no es esto una mancha de blancura entre el grisáceo social?

Por Ulises Bobadilla y Jiménez

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