El fantasma en un lugar abandonado

Uno se hace a la costumbre de ingresar en casas abandonadas y sitios olvidados o pseudo-abandonados. Ahí reside una especie de encanto, un momentum paralizado en tiempo y espacio, de todo lo que fue pero no fue, de sucesos pretendidos para ser y destinados a no ser, de hechos no pensados para acontecer y que, sin embargo, ocurrieron ahí. Lugares abandonados en el olvido y olvidados en el abandono.

Casa abandonada

Fotografía por Carole R. Farell,obtenida de: http://www.flickr.com/photos/semper-somnium/4774500973/

 

Siempre me pregunto quién(es) hubiese(n) vivido ahí, qué habría acontecido ahí, y nunca sobre lo que ocurrió. Es de alguna manera liberar el potencial de dicho momentum en la imaginación reflexiva, hacia un presente que sí es, y por tanto, fue y será. ¿Cuántas cosas no he(mos) hecho a sombra de techos agrietados, sin que éstas fueran concebidas en la estructura, ni muchos menos en el plan, originales? ¿Cuántos acontecimientos (no planeados) no sustituyeron a los hechos planeados? ¿Cuántos modelos no emplazaron a otros? Porque eso son: estructuras donde se da el emplazamiento.

Es la magia de ver entrar la luz del ocaso entre la rendija de dos maderas agrietadas, a través de ventanas cuarteadas o inexistentes ya, mediante una puerta a medio cerrar o emparejada, que recorre los pasillos y que alumbra espacios áridos henchidos de fantasmas de lo que estaba destinado a ser. Ese momento histórico. Esa historia que no fue, pero que, de alguna manera,  para quien en presencia de los fantasmas está, sí es. A uno le pesan más los recuerdos que los años, le dirían a El general en su laberinto. Pero…¿qué recuerdos? Los que no son.

Door

Fotografía por Carole R. Farell, obtenida de http://www.flickr.com/photos/semper-somnium/4191418350/

 

Es el aroma que se pega a la piel. Se traduce en el sabor de los sonidos, y éstos últimos se convierten en texturas que rozan al tacto. Ahí habita ese momentum de nombre Sinestesia[1][2].

El destino del no acontecer acontece en el sujeto externo, aquel quien no estuvo pensado para estar ahí.

Sitios abandonados. Su belleza, indescriptible. La presencia, ausente. La ausencia, presente. Sólo habitan momentos y recuerdos fantasmas. Un teatro montado, la escena lúdica para que el espectador se convierta en intérprete.

Por donde vivo se erigen estructuras hogar abandonadas en demasía, un campo de tiro olvidado, obras publicas inconclusas o poco cuidadas. Me encanta entrar en ellas, todo tipo de experiencias habitan en ellas:  ingresar en una casa que creíste abandonada y descubrir, sobre la mesa, una taza de café cálida aún junto a un cenicero que contiene un cigarro y sus cenizas humeantes todavía y, sin pensarlo, salir corriendo de la mano de tu novia; entrar a fotografiar otra casa, entrar por el jardín y, una vez en él, descubrir un cuarteto de perros sobre el techo que ladran al intruso (tú) y salir cautelosamente; espiar lo que ocurre en esa otra casa y fotografiarla por fin desde el cuarto piso de una tercera casa abandonada; el beso de una pareja que escapa de casa a medianoche sobre el tejado de una cuarta casa que acaricia la luna sonrojada por aquello de lo que es testigo; la casa del músico, que en vez de mostrar su número domiciliar cuelga de su pórtico una clave de sol y en cuyo interior permanece un estudio de grabación y una recámara donde evidentemente tenía sus instrumentos; todas las guerras con “armas de bullets” (bb gnus) -balines de plástico que encontrarías ahí mismo más de un lustro después; descubrir todas las casada “abandonadas” que han sido habitadas por trabajadores u otras personas; descubrir que tu perro se altera al ingresara una de éstas casas y se rehusa a permanecer ahí; concursos de eyaculación (con contundente evidencia de que ahí tuvieron lugar); familiares que han grafiteado en muros húmedos y agrietados;…

¿Qué chingados, de todo lo mencionado y más, estaba planeado para acontecer? ¿Qué acontecimientos han venido a sustituir tales sucesos? ¿Quiénes son las personas-fantasma que han sido relevadas por terceros ajenos a los primeros? Porque todas las experiencias  son tan sólo una ínfima parte de la composición teatral, son la de un individuo entre decenas que han entrado dichos  lugares. Se acumulan las experiencias, individuales y colectivas, entre muros de silencio estridente, so el cobijo de los murmullos del viento que penetra por todos lados y entre la obscuridad. Mis amigos me cuentan sus experiencias en esos lugares; tan diferentes, tan semejantes empero.

Es preguntarse por una nostalgia que no es nostalgia, pues jamás hubo lo ocurrido, pero que no pierde su carácter nostálgico. Es ponerse la máscara de los fantasmas. Es descubrir un amor por lo que encierra el aura entre muros, sentirse el bicho raro que disfruta de tales espacios. Y más aún, descubrir que no eres el único, que hay  más, como tú, que descubren aquello y lo disfrutan a su manera.

Son fantasmas que nuca fueron y estaban destinados a serlo. Son fantasmas que sí fueron y no estuvieron destinados a ser. Es la máscara de un fantasma por otro, una obra teatral donde cada quien se enmascara a su gusto; así se enmascaran los fantasmas.

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Galería compuesta con fotografías de Carole R. Farell

Por Ulises Bobadilla y Jiménez

1. “Sinestesia”. Wikipedia, la nciclopedia libre. En Wikipedia.  http://es.wikipedia.org/wiki/Sinestesia

2.”Sinestesia, el arte de ver la música, tocar la tristeza y oler los colores”. En El Confidencial. http://www.elconfidencial.com/sociedad/2011/sinestesia-musica-colores-20110129-74091.html

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