El chico que implosiona

Justin Bieber es la figura pop de millones. Es el chico que, mientras más crece, más se empequeñece. El chico que mientras más cobertura atrae, más polémica desata, y más críticas negativas recibe. Chico que se reduce.

El “artista” canadiense se empequeñece en dos sentidos: en su audiencia y en su persona. El primero porque en vez de tener una explosión en su audiencia (tener un crecimiento), ésta implosiona. En otras palabras, en vez de alcanzar más públicos, y así engrandecer su audiencia, sus públicos se pierden. Una vez que el fan de Justin Bieber alcanza determinada edad, deja de seguirlo: no mantiene su “lealtad” con el artista.

Si consideramos a los públicos por edades, se trata de un artista que madura conforme su música llega a menores. Sus públicos son cada vez más de las pequeñas edades y cada vez menos de edades mayores. Se expande hacia abajo y chocará contra un muro de la edad cero (0) (a la que realmente no puede aspirar) porque no hay más para abajo, mientras que hacia arriba no va más allá de los límites que se impone él mismo. Su barrera sería la de edad 100, pero no rebasa consistentemente la de 20.

Es decir, el nicho de audiencias en que se mantiene es el mismo, con tendencia en reducción de edad. De una muestra de 50 perfiles de Facebook que siguen a Justin Bieber, tan sólo 6 resultaron ser mayores de 18 años. “Muchos de los fans de Bieber tienen apenas diez años”[1].

Pero si consideramos a los públicos por sexo, Justin Bieber se estanca en el femenino, incapaz de penetrar profundamente al sector masculino.

En cuanto al segundo, su persona, Justin Bieber implosiona tanto en la vida privada como en la pública. La segunda es consecuencia de la primera. Es un joven absorbido por el sistema monopólico del entretenimiento, que llegó a la fama, pero que no ganó el respeto. Es el chico de orígenes adversos (su biografía) que lo obtuvo “todo”, un todo donde se perdió. Es la persona que,  hipotéticamente, después de vivir en una casa promedio es colocado en una mansión de dimensiones laberínticas sin saber qué camino tomar.

Bieber arrestado en Miami por conducir alcoholizado. Bieber orinando. Bieber atacando camarógrafos. Bieber insultando periodistas. Bieber trapeando con la bandera de su público. Esto y muchas otras cosas. Quizá la industria le pide generar polémica para comercializarlo más.

Lo cierto es que su público no se expande, sino que se contrae mientras a más “niños” conquiste. Y con la decadente taza de natalidad, quizá se quede sin audiencias en un futuro lejano. La vida de artista realmente lo ha fragmentado como individuo.

Justin Bieber es el chico universal que no pasa de lo específico. Bieber es el chico que crece hacia bajo; el chico que madura en edad, pero que decae en persona. Chico que implosiona.

Referencias:

1. Rodriguez, Juliana. “Una fiebre llamada Justin Bieber”. en Voz. http://vos.lavoz.com.ar/pop/rock/fiebre-llamada-justin-bieber

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